Opinión

La opinión de Joan Bestard

24 feb 2017
Opinión
La opinión de Joan Bestard

 PUNTO ÉTICO

 

¿De qué nos quejamos?

 

Joan Bestard / 15.06.2017

El otro día en Internet encontré este texto que me dejó perplejo y me invitó a la reflexión. Decía así: “Si usted nunca experimentó los peligros de la guerra, la soledad de estar preso, la agonía de ser torturado, o la aflicción del hambre, entonces, usted está mejor que 500 millones de personas”.
En las sociedades occidentales muchas veces nos quejamos por vicio. No nos falta nada fundamental y todavía nos lamentamos de insignificantes molestias.

En el mundo 500 millones de seres humanos padecen guerra, están presos, son torturados o padecen hambre. Esta cifra debe hacernos meditar y movernos a luchar con tenacidad y constancia por un mundo más justo, humano y fraterno.

Se ha globalizado el mal pero no el bien. Solamente globalizando la solidaridad, podremos construir un mundo mejor.

Artículo 670 de la columna “Punto ético” publicado en el periódico Última Hora del día 15 de junio de 2017, jueves, pág. 32.

 

Huyamos de los silencios que ofenden

 

Joan Bestard / 01.06.2017

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) dejó escrito: “La palabra más soez y la carta más grosera son mejores, más educadas que el silencio”.

Nietzsche se refiere al silencio displicente, ofensivo. Hay silencios que matan. Hay silencios que son verdaderas ofensas.

Evitemos el silencio destructivo. Según qué silencios son expresiones despectivas e hirientes. El silencio, tan positivo y beneficioso en algunas circunstancias, puede resultar nefasto en otras.

No empleemos nunca el silencio para ofender. Es una equivocación radical que debemos evitar a toda costa.
Huyamos de los silencios que ofenden. Son sumamente perniciosos.

El silencio nunca es neutro. Es positivo o es negativo.

Los silencios negativos son verdaderas ofensas que nunca debemos cometer.


Artículo (669) de la columna “Punto ético” publicado en el periódico Última Hora de día 1 de junio de 2017, jueves, pág. 34.
 

 

Nos cuesta aceptar la vejez

 

Joan Bestard / 18.05.2017

Francisco de Quevedo (1580-1645), importante escritor del Siglo de Oro español, con la ironía sarcástica que le caracteriza, afirma: “Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado”.

Todos deseamos cumplir muchos años, pero cuando los hemos cumplido, negamos esta realidad.

Nos cuesta aceptar el hecho de la vejez, pero luchamos denodadamente para poder llegar a ella y, cuando hemos llegado, negamos la realidad que nos asusta.

Aceptemos con serenidad la vejez; puede ser una privilegiada atalaya de lucidez para vivir la poca vida que nos queda con profundidad, sabiduría y paz interior.

Negar la vejez es un absurdo que no conduce a nada. Lo que importa es saber vivirla con realismo y dignidad.

La vejez, con salud o con relativa salud, es un gran don de Dios que debemos agradecer.

 

Artículo (368) de la columna “Punto ético” para publicar en el periódico Última Hora del día 18 de mayo de 2017, jueves.

 

Callar, un aprendizaje difícil

 

Joan Bestard / 04.05.2017

Dice con verdad y acierto el viejo refranero español: “Aprended a bien callar, para que sepáis bien hablar.”

“Aprender a bien callar” es tarea ardua y difícil. A todos se nos va la lengua, alguna que otra vez, y esto es un defecto grave que trae malas consecuencias.

Solo saben “bien hablar” los que saben “bien callar”.

Saber dominar estos dos verbos “callar” y “hablar” es un arte, es una fuente de sabiduría. Los dos vocablos están estrechamente unidos y hay que saber dosificarlos con agudeza y sensatez. Quien calla adecuadamente, sabrá hablar a la hora de hacerlo y lo hará de forma acertada y convincente. Quien no sepa callar, en cambio, hablará sin control y no logrará expresar lo que verdaderamente importa.

Saber dosificar y combinar estos dos verbos (“callar” y “hablar”) será de gran utilidad para nuestra vida.

 

Artículo (367) de la columna “Punto ético” para el periódico Última Hora del día 4 de mayo de 2017, jueves, pág. 42.

 

¿Qué talla hacemos?

 

Joan Bestard / 20.04.2017

El otro día alguien me dijo esta frase y decidí comentarla: “La talla de tu cuerpo cuenta poco, la de tu cerebro cuenta mucho, pero, sobre todo, cuenta la de tu corazón”.

         Lo verdaderamente importante es la talla moral que hacemos y la talla moral surge del corazón.

         Unos centímetros más o menos en nuestro cuerpo son de escasa importancia y juegan un papel muy relativo en nuestra vida. En cambio, un cerebro, bien amueblado y desarrollado, cuenta mucho. La inteligencia es un gran valor que debemos apreciar y cuidar  debidamente. Pero, sobre todo, lo que cuenta es la talla del corazón. Ahí radica nuestra hondura ética y ahí palpitan nuestros valores morales. La talla del corazón es la que especialmente interesa en una persona.

         Cuidemos el corazón. El tesoro de nuestra vida no lo guardamos en el cuerpo ni en el cerebro, sino en lo más profundo de nuestra alma, que es sinónimo de nuestro corazón. 

Artículo (366) de la columna “Punto ético” publicado en el periódico Última Hora de día 20 de abril de 2017, jueves, pág. 28.

 

Los que lo tienen todo claro son peligrosos

 

Joan Bestard / 06.04.2017

El químico y microbiólogo francés Louis Pasteur afirmó: “Desgraciados los hombres que tienen todas las ideas claras”.


Los que no dudan nunca y tienen todas las ideas claras son dignos de lástima, porque son incapaces de buscar lo que todavía no conocen, porque nunca se formulan preguntas y piensan saberlo todo, porque creyéndose listos son unos ignorantes supinos.


Los que lo tienen todo claro son peligrosos porque suelen “pontificar” sobre todo, y son unos absolutos ignorantes.


La peligrosidad de los que se pasan de listos es alta, porque pueden caer en enormes errores y pueden perjudicar al prójimo.


Debemos acostumbrarnos a avanzar por la vida con un saco bien repleto de dudas, y mediante el estudio y la reflexión, procurar resolverlas con diligencia y tenacidad.

 

Artículo (365) de la columna “Punto ético” para el periódico Última Hora de día 6 de abril de 2017, jueves, pág. 30.

 

 

El inconformismo radical de Camus

 

Joan Bestard / 23.03.2017

El escritor francés Albert Camus dice: "En la profundidad del invierno experimenté finalmente que en mí latía un invencible verano". De esta forma poética Camus expresa su inconformismo radical. En la frialdad del egoísmo, surge su protesta más enérgica contra la injusticia social.


En sus novelas palpita una ética humanista inconmovible, una honradez diamantina.


En el invierno del egoísmo surge siempre la primavera de la solidaridad que es la fraternidad hecha justicia.


Camus cree en el hombre solidario que entrega su vida en favor de los demás.


Albert Camus es un espíritu atormentado que detecta con la máxima lucidez la injusticia y la combate con valor.


Los personajes principales de sus novelas están dotados de una fuerza extraordinaria y luchan incansablemente por un mundo más justo, humano y solidario.


Camus cree firmemente en la dignidad del ser humano y experimenta una profunda tristeza cuando es violada. Es un autor triste y derrotista porque demasiadas veces el ser humano se comporta de una manera egoísta y cruel.

 

Artículo (364) publicado en la columna “Punto ético” del periódico “Última Hora “ del día 23 de marzo de 2017, jueves, pág. 32.

 

Sin solidaridad no habrá paz

 

Joan Bestard /09.03.2017

Sin solidaridad para resolver decididamente los problemas materiales, humanos y culturales de los pueblos empobrecidos de la tierra, el abismo entre el Norte-rico y el Sur-miserable se agrandará y la violencia se hará inevitable.


La paz mundial sólo podrá ser una realidad si los pueblos desarrollados saben ayudar inteligente y generosamente a los pueblos pobres y éstos saben aprovechar adecuadamente esta ayuda.


Sólo habrá paz entre todos los pueblos del mundo cuando para todos haya pan de trigo, pan de cultura, pan de comunicación, pan, en definitiva, de solidaridad.


Seamos solidarios ante la desgracia ajena. John Steinbeck escribe: "¡Es curioso. Qué lejos está una desgracia cuando ésta no nos afecta directamente!" Y Heinrich Heine dice: "Sólo el dolor propio hace saltar las lágrimas".


Así es el ser humano: cuando algo no le afecta directamente, le cae muy lejos. Diariamente oímos hablar de accidentes, de catástrofes naturales, de muertes... y si no nos afectan directamente, nos dejan indiferentes.


Es verdad que esto, en parte, es explicable, porque si las desgracias ajenas nos afectaran igual que las propias nos sumergiríamos en el abatimiento y casi nos volveríamos locos. Pero también corremos el peligro de insensibilizarnos y vivir tranquilos encerrados en nuestro egoísmo.

 

Artículo (363) de la columna “Punto ético” publicado en el periódico “Última Hora” de día 9 de marzo de 2017, jueves , pág. 36.

 

En medio de dos abrazos

 

Joan Bestard / 23.02.2017

Al obispo Sebastián Taltavull, administrador apostólico de Mallorca, un día le oí decir, comentando un pensamiento del papa Francisco: “Nuestra vida humana discurre en medio de dos abrazos de Dios: el de nuestro nacimiento y el de nuestra muerte”.

Efectivamente, nuestro nacimiento no es más que un abrazo de Dios creador que nos llama a la vida por amor, y nuestra muerte es el otro abrazo de Dios, al final del camino vital, que nos invita a vivir felices junto a Él para siempre.

Toda nuestra vida es como un puente que se fundamenta en dos grandes pilares: el del nacimiento y el de la muerte. El nacimiento es un misterio de amor que nos lanza al mar de la vida, y la muerte es otro misterio de amor que nos adentra en la Casa del Padre para poder gozar de su presencia por toda la eternidad.

Pensar que vivimos en medio de dos abrazos de Dios nos da serenidad y alegría, a la vez que nos motiva para adoptar una ejemplar conducta ética en medio de la sociedad de nuestros días en vistas a su transformación.