Opinión

La opinión de Joan Bauzà

12 may 2017
Opinión
La opinión de Joan Bauzà

Qué hemos aprendido este año?

Hace siete días que cerramos el año, y en año cerrado comienza la época de hacer balance. ¿Qué lecciones, morales y conceptuales, fueron recogidas durante el año pasado ?, ¿qué conviene guardar en el corazón y en la cabeza? En la edad adulta, parece ser, pocas cosas el hombre aprende, asimismo alguna aprende.


En estas direcciones se ha movido mi particular aprendizaje. Primera: para encontrar, no necesariamente se debe buscar, a veces basta parpadear un poco y mirar lo que los ojos muestran. Segunda: para ponderar el peso de una vida, la balanza que pesa la fama es absolutamente inepta. Tercera: Dios no es ni evidente ni la conclusión de ninguna argumentación; si yo creo, que es mi caso, no es por necesidad, es por don. Cuarta: hay un camino largo para llegar a la humildad personal que es el de contar las muchas veces que uno se ha equivocado, y hay uno corto que es el de contar las pocas que ha acertado. Quinta: ¿Quién quiere corregir los defectos más crónicos que tiene, no se haga la ilusión de que cambiando de ciudad, de trabajo o de edad quedarán corregidos, es más práctico ir directamente a la propia voluntad y ser durísimo consigo mismo.

 


 


Meditación sobre el tiempo

Debemos devorar el año nuevo o la tenemos que paladear? "El tiempo vuela" dio título a un disco de Los Pekenikes. La percepción habitual que tenemos del tiempo es que corre muy deprisa. Pero es esta, la que debemos tener? Johan Cruyff declaró: "No es necesario correr tanto, el fútbol es un deporte que se juega con el cerebro".


¿Qué es el tiempo? San Agustín dijo: "Si nadie me lo pide, lo sé, pero si lo quiero explicar al que me lo pregunta no lo sé". El del telediario informó: "La mala noticia es que el tiempo vuela, la buena es que tú eres el piloto". Yo creo que el tiempo verdadero no se encuentra en lo que pasa sino en lo que nos pasa. Si el hombre no ha nacido para estar siempre derecho entonando himnos, dado que también ha nacido para estar sentado calentándose a la chimenea, tampoco ha nacido para estar siempre en play, dado que también le es posible estar en standby. Aconsejaba la abuela: "Poco a poco y buena letra".


Si Borges, de nosotros, dijo que "somos el olvido que seremos", porque no pensar que otro, de nosotros, diga que "somos la sinfonía que recordarán"?

 


 

¿Está sentenciada la navidad? 

¿Está sentenciada la navidad? Digamos que existen múltiples procedimientos para minimizar la navidad  cristiana, y enumeremos las tres más usuales en estos últimos años. Primera, la reducción de la navidad a lirismo, a pastorcillo y villancico, a angelito y peces en el río. Segunda, la reducción a fiesta familiar, entrañable por supuesto, reencuentro de los miembros con intercambio de besos y abrazos. Tercera, la más extendida, aunque la más trivial, la reducción a consumo, gastronómico en gran parte y muy concentrado en dos cenas muy cercanas.

Pero no todo lo sentenciado a muerte, muere. Hay muertes que se resisten, y hasta alguna zancadilla para hacer caer ha derivado en trampolín para lanzar al vuelo. La navidad cristiana, en lo que tiene de más nuclear, no morirá. Porque, en lo más primordial y auténtico, esta navidad tiene un niño, tiene un establo y tiene unos pastores. Y si es verdad que tiene, también, unos reyes, son reyes capaces de agacharse para entrar en una cueva. 

La humildad de la navidad no dejará nunca de cautivar. Lo más transcendente no es que el hombre intente o no minimizar la navidad, lo decisorio, para quien escribe, es que Dios haya decidido minimizarse en una cuna.

 


 

Metástasis conceptual

Metástasis es una palabra que proviene de dos palabras griegas que significan desplazamiento y allá, aludiendo a la enfermedad de una parte del cuerpo que se desplaza a otra y se extiende hasta un punto que hace difícil discernir la parte del cuerpo que resta inmune y la que está golpeada.

¿Es una acertada, aunque triste, metáfora de lo que culturalmente nos pasa ahora mismo, cuando muchos encontramos dificultad en saber qué concepto dar por irracional y qué dar por ponderado? Culturalmente, es el paso del todo vale al todo a un euro y de este al todo es relativo. Alguien lo ha expresado de esta otra manera, paso del buenismo al facilismo y de éste al cinismo. Así como la metástasis carnal es un mezclado que dificulta la tarea del bisturí que no sabe bien qué dar por bueno y que por malo, la metástasis conceptual es un mezclado que dificulta la tarea del análisis que no sabe bien qué dar por sensato y que por demente.

Hijos como somos del twitter, el lifting y el selfie, capturados por el zapping de la televisión, por la wifi del ordenador y los megapixels del móvil, vivimos comunicando sin mensaje, progresando sin destino, transgrediendo sin responsabilidad.

 


 

La horizontal despótica

La horizontal despóticaYa no es el orador quien se dirige a un público, ni el busto parlante que llena la pequeña pantalla, ni la pluma de quien firma sus artículos, ni el carismático que va exhibiendo su imagen, ni el activista que sale a gritar su mensaje con megáfono. Todos estos métodos tenían el denominador común de contar con nombre propio. El tiempo de esos modos personalizados de comunicar coincidía con el tiempo de los modos verticales de influir.

El poder de influencia va dejando la vía de la verticalidad y hace uso constante de la horizontalidad. La verticalidad de los “gabinetes de comunicación” se ha desplazado a la horizontalidad de las “redes sociales”. Son muchos quienes no se exponen a ninguna verticalidad – ya mataron freudianamente a todos los padres – y, a cambio, se exponen a todas horas a la horizontalidad de cuanta red alberga su móvil. El tiempo de estos modos horizontales de influir coincide con el tiempo de los modos anónimos de comunicar. No es un superior quien te influye, es un igual, pero sin rostro. En principio, la vertical parece más despótica y la horizontal, más democrática. Pero cuando la horizontal se torna anónima, se torna despótica igualmente.

 


 


Por eso es tan difícil ser político

¿Cuál es la aspiración de los humanos? Convivir juntos en armonía.  ¿Cuál es el problema de los humanos? Al decir de M. Augé, ser conciencias individuales que necesitan de los otros para existir plenamente. Por Filosofía del conocimiento sabemos que no hay “yo” hasta que esta denominación no ha sido pronunciada por un “tú”. Es otro quien nos concibe, es otro el que nos confiere la conciencia de individualidad.

La cuestión nuclear de la política es la cuestión de cómo vivir juntos. La política no es el resultado de una decisión genial soñada por un utópico o delineada por un líder, es el resultado artesanal de un tapiz flamenco o de un mosaico bizantino. El objetivo del político no es lo mejor aun a costa de cargarse la pluralidad, es lo posible plural aun a costa de cargarse lo mejor. La política no es el arte de una posibilidad sino el arte de la com-posibilidad, aquella que posibilita la inclusión y hace imposible la exclusión. Su objetivo no es el de vivir ni aunque fuera cómodamente, sino el de convivir aunque fuera trabajosamente. Por eso es tan honorable la política, y por eso es tan difícil ser político.


 

La catedral y Marcel Proust

En ocasiones frecuentes, la Catedral de Mallorca confirma las dos grandes tesis que Marcel Proust dejó claramente establecidas el 16 de agosto de 1904 en un artículo en "Le Figaro" de París. Tesis primera: la liturgia católica forma una unidad con la arquitectura y la escultura, dado que aquella y éstas tienen por fuente un mismo simbolismo. Tesis segunda: las catedrales no son únicamente los más bellos monumentos históricos de nuestro arte, sino casi los únicos que permanecen en relación con la finalidad para la que fueron construidos.

Verdad es que una catedral es un lugar, pero no solo, no es lo mismo una cuarteada que un huerto; una catedral es un espacio con capacidad de hacerse hogar ancho, y por tanto de ser estructurado para el hospedaje de una comunidad de personas. Una catedral tampoco es solo un espacio monumental, también es un espacio sacramental, no solo es valioso lo que hay sino lo que pasa, no es solo un contenedor de objetos sino de experiencias; se sabe que no es igual huerto que jardín.

Nuestra Seo ayer, como en otras ocasiones, hermanó cuidadosamente sus tres elementos nucleares: lo sagrado, lo bello y lo comunitario.

 


 

El hermanamiento entre el deseo y la esperanza

Resulta confortable toda armónica correspondencia entre pregunta y respuesta. Tener respuesta a pregunta que uno no se hace es esterilidad, tener pregunta a la que ninguna respuesta calma es desesperación. Lo mejor consiste en cuadrar una y otra. Resulta confortable toda armónica correspondencia entre pregunta y respuesta. Tener respuesta a pregunta que uno no se hace es esterilidad, tener pregunta a la que ninguna respuesta calma es desesperación. Lo mejor consiste en cuadrar una y otra.

La gran pregunta que interpela al hombre tiene el nombre de deseo. El humano es el gran animal del deseo, porque desea siempre y lo desea todo. La gran respuesta a este deseo recibe el nombre de esperanza ya que cuando un humano espera tener éxito su deseo queda complacido. En el supuesto caso de que el hombre esperara poco, la respuesta adecuada al deseo suyo se nombraría "obtención" dado que lo poco suele ser obtenido. Pero si el deseo que le mueve el corazón es el deseo del todo, la respuesta tiene por nombre "esperanza".

Nunca agradeceré suficientemente el haber conocido el cristianismo y de ser hoy seguidor. El mensaje cristiano es, para mí, la instancia, conocida firme y contrastada suficientemente, que más armonía me ha proporcionado entre la pregunta más profunda que le hago a la vida y la respuesta más convincente que se me ha sido otorgada. Se trata de un logrado hermanamiento entre el deseo de totalidad y la esperanza de plenitud.

 


 

El estómago del cura viejo

Los curas de mi generación fuimos jóvenes un día, y cometimos locuras. Cierto es que fueron hermosas, pero también lo es que nos están pasando factura, sobre todo las de noche. Años en los que, con los chicos,  prolongábamos el día con reuniones de grupo y copa en el bar vecino. Todos nos despedíamos, y luego te adentrabas en la cocinita del piso de vicaría. Tantas noches cenando de pie, tan solos, tan rápido, mascando  refritos y precocinados, tan volviendo a comer de lo mismo que habíamos comido ayer. Agotado, cerrabas la jornada con ansias de lecho pero todavía tenías pendiente el rezo del libro litúrgico que acababas leyéndolo con un ojo cerrado y el otro ya dormido. Junto al fogón, por años, solo, rápido, recalentado y de pie.

A veces, ahora, en el baño, el viejo cura, estómago alterado, entre estreñimiento ahora y diarrea a deshora, colonoscopia a la vista, recuerda la locura de aquellas fechas de entrega sin reservas a los jóvenes mientras sus labios alegres y sinceros van musitando “Qué tiempo tan feliz que nunca olvidaré… en nuestros años de loca juventud”. ¿Será que existen locuras que siguen agradeciéndose a pesar de sus facturas?.

 


Ese no soy yo

El conferenciante afirma, en su intervención, que toda religión es dogmática. Y todos los oyentes que me conozcan y que, por conocerme, acostumbran considerarme una persona del todo religiosa, van a concluir que yo soy dogmático del todo. Y, a tenor del disertador, porque dogmático, irrespetuoso. Y si irrespetuoso, luego intransigente. Y si intransigente, por tanto violento. Y si violento, en consecuencia responsable de los últimos atentados. Y si participé en la puesta de una flor en Las Ramblas o de una oración en la Sagrada Familia o en un abrazo al musulmán de Cambrils, entonces un hipócrita total.

Y me sube a la cabeza el recuerdo del álbum de Hispanox, de 1971, titulado “Escúchame”, que contenía la canción “Yo no soy esa” de la inolvidable Mari Trini que, un día de primavera, hace ocho años se nos murió. Y me descubro canturreando el estribillo que se me había quedado grabado: si…, no… ese no soy yo. Ni lo son cientos y cientos de personas religiosas, de este continente y de otro, que yo conozco tan suficientemente bien como para poder dar testimonio de que ninguna de ellas es ni “esa que tú te imaginas” ni “esa que tú te creías”.

 


El viejo tiene todavía proyectos

La esperanza no ha tenido nunca edad ni importa que tenga. Ahora soy adulto y me sobran todas las obsesiones, pero un examen todavía me queda por hacer, el final. Aquéllo que describió Juan de la Cruz con su bella expresión: “cuando el día decline, nos examinarán de amor”. Querría aprobarlo, este examen, el que me preguntará no sobre lo que he adquirido, sino dado.

Proyecto vivir de cada vez más desde una confianza total en el Dios que me la da. Si al principio de mi existencia encuentro a Dios, deseo que al final de mi vida sea Él también. Si a lo largo de mi vida, más de dos y tres veces yo lo he perdido de vista de tan lejos que me he hecho de Él, ahora quiero poner mis ojos fijos en Él y que sea mi guarida y mi hogar.

Projecto querer a todos, sin olvidar a nadie, pero recuperaré las viejas amistades perdidas, redoblaré la estima a los que siempre he querido. Quiero engrandecer cada vez más el ámbito de mi corazón para querer a más gente, también para querer más a la gente que más quiero.

 


Celebrar los difuntos

A mediados de semana hemos celebrado nuestros muertos. Los gestos celebrativos han sido escogidos según el gusto de cada persona o familia. Entre nosotros, los tres gestos más comunes son las flores, los cirios y las pregarias. Un considerable porcentaje utiliza los tres rituales, sea ante la tumba, sea ante la urna, sea ante la tierra o el mar donde se esparcen las cenizas.

Lo que hay al fondo de toda esta variedad de formas es un frondoso planteamiento moral. La celebración de los difuntos, los pasados miércoles y jueves, acoge tres tipos de actos ciertamente diversos y probablemente complementarios. Es, en primer lugar, un acto de agradecimiento: no tenemos a mano los muertos pero mantenemos el record en el corazón, una persona finida no supone una persona olvidada. En segundo lugar, constituye un acto de reconocimiento: una vida desaparecida no supone una vida invalidada, reconocemos que nuestros difuntos no vivieron en vano y que su existencia fue válida para nosotros. En tercer lugar, es un acto con voluntad de encontrarse: así como lo invisible no supone lo inexistente, un cuerpo muerto no supone una persona anihilada, y caminos que se abrieron un día para irse sirvieron otro día para volver y posibilitar suspirados encuentros. 

 


No es dogma, es gracia

 

Leo con frecuencia que todas las religiones son dogmáticas, que precisamente el dogmatismo define el concepto de religión. Será o no será, pero mi experiencia personal contradice la afirmación.

Lo que más experimento en mi religión, lo que más define mi situación en ella no es desde luego el dogma. Es otra cosa distinta, y esa cosa se llama gracia. En efecto, me siento enormemente agraciado por tener fe.

Claro que en mi religión hay dogmas, al menos dogmas como sinónimo de principios, tampoco es que haya muchos, pero los hay, y los que hay son claros y sólidos. Pero no son estos principios conceptuales lo que primero aflora en mi interior cuando pienso en mi condición de religioso. Lo primero es la gracia, eso que en algunos libros antiguos se llamaba favor, y en otros textos aparece como don, merced, suerte, obsequio o regalo. En todo caso, mi religión me está ofreciendo algo, bien sé yo, que ni he ganado ni he merecido.

Y como mi fe es pura gratuidad, mi fe no me lleva en absoluto ni al orgullo ni a la prepotencia, me lleva sin embargo al agradecimiento.

 


La Catedral, danza de luz y piedra

La interpretación de lo que es la catedral de Mallorca goza de dos símiles  sugestivos. La Seu puede compararse a un órgano y a una danza. De hecho, escritos sobre nuestra Seu los han utilizado. Muchos han visto los reflejos del rosetón mayor como una danza, y fue Santiago Russiñol quien concibió el templo como un “órgano inmenso”.

Nuestra Seu podría compararse a un concertista de órgano en el que una mano tiene el cuidado de los acordes compactos, mientras que la otra tiene el cuidado de la melodía. Y también podría compararse a una danza,  en cuyo símil la misión de la mano izquierda del músico la tendría la piedra porque es su constitución la que da la sensación de firmeza, mientras que la misión de la mano izquierda la tendría la luz, la luz que pasa, se pasea y otorga la sensación de esplendor. ¿No es esa la impresión que nuestra Seu  ofrece, la de un logrado maridaje entre marès y finestral, entre masa pétrea y vacío vítreo, o sea, entre solidez y brillantez? ¿Qué es la arquitectura de la Seu sino la danza que a dúo interpretan la geometría sedentaria de la piedra y el nomadismo circunvalatorio de la luz?

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