Opinión

La opinión de Joan Bauzà

12 may 2017
Opinión
La opinión de Joan Bauzà

De malestar a bienestar

 

Joan Bauzà / 11.05.17

El católico español en Europa tiene tres problemas: Europa, España y la Iglesia. El problema de Europa es haber decidido no valorarse; el gran escollo de Europa es ella misma. El problema de España no es pequeño, ha decidido no resolver sus problemas; se resiste a conocer la síntesis, entretenida como está en la lucha a muerte entre su tesis y antítesis, su nacionalcatolicismo y su nacionalrevanchismo. El problema de la Iglesia en este país es grave, optó por juzgarse como es juzgada por sus más íntimos enemigos; de ahí el malestar en tantos de los suyos.

Que cada quien resuelva como pueda. Yo decidí refugiarme en la lectura de mis viejos autores, y les comparto que, Biblia aparte, con el humor de Dickens, la extrañeza de Kafka, el arte combinatorio de Llull, la poesía de Dante, y el Padre Brown de Chesterton voy recuperando algo el bienestar.


Mis Cristos preferidos

 

Joan Bauzà / 11.05.17

Uno es el de Velázquez fechado en torno a 1632, muy reconocido por haberse reproducido en miles de recordatorios de difuntos. Es un Cristo apolíneo, severo, noble e inerte. Unamuno y O. González de Cardedal le han dedicado páginas muy densas. Se puede ver en el Museo del Prado.

Un Cristo completamente distinto y en verdad fascinante es el de Grünewald en el retablo de Isenheim realizado en la segunda década del s. XVI. Se hizo para un hospicio para enfermos de peste y el que pende de la cruz parece un apestado más. La composición de los dedos del ajusticiado es terriblemente elocuente. Se puede ver en Colmar.

Otro es el del pequeño dibujo de San Juan de la Cruz (1542-91) que reproduce al crucificado no desde abajo ni de frente sino desde arriba, y del que sacó inspiración Dalí en 1951. Se puede ver en el convento de la Encarnación de Ávila.

 

Los que vuelven

 

Joan Bauzà / 11.05.17

En Ecuador, en Bolivia, la emigración produjo una primera y sonora ola de ciudadanos que emprendieron viaje hacia la “madre patria”. Le sucedió luego una segunda ola, menos sonora, la ola de la vuelta al país de origen, el regreso a América desde España de algunos que habían venido.

Un fenómeno algo parecido está pasando en Europa en relación a la religión. A partir del Mayo del 68 muchos perdieron su creencia, y ahora algunos de ellos retornan a la creencia. Giovanni. L. Ferretti es sólo un ejemplo: “En mi juventud pasé por dos momentos peligrosos, el riesgo de la lucha política a través del terrorismo, y el de la autodestrucción mediante la droga. Ahora pienso en el futuro con una sonrisa, soy alguien al que basta la Encarnación de Dios”. Jean-Claude Guillebaud confiesa: “Somos "recommençants", los que estamos volviendo a la fe”. Caminar a veces es volver.

 

 

Todavía lloro, pero ya no lloro solo

 

Joan Bauzà / 14.05.17

Dijo eso subrayando más la soledad que el sufrimiento. En la residencia de ancianos duele más el no tener visitas nunca que el no tener salud entera.

Muchos dolientes se reducen a su ensimismamiento, y sabemos que el interior de uno es un océano que, si no se está en compañía, puede verse dañado debido al pánico de sí mismo. Nuestra sociedad requiere el regreso urgente de vocablos como com-prender, com-partir, com-padecer, con-vivir, com-prometerse, porque no ha sido capaz de desterrar vocablos como des-hauciado, des-hechado, des-amparado, des-asistido, de-solado.

La compañía es fundamental en la existencia humana. Recordemos el sabio proverbio: “Si quieres ir veloz, camina solo; si quieres ir lejos, camina en compañía”. Quizá no consigamos evitarle al sufriente su lloro, aun yendo al lugar de su desgracia. Pero si vamos, conseguiremos evitarle su aislamiento. Así lo comentó en el hospital el anciano a la chica voluntaria que le iba a ver: “todavía lloro, pero ya no lloro solo”. Y mientras se lo decía, se le desprendía una lágrima feliz. El dolor no da para una risa, pero tener compañía en el dolor da para una sonrisa.

 

Simplificar, una tarea urgente

 

Joan Bauzà / 21.05.17

En mi experiencia de cultura y de fe, desde hace ya bastantes años, siento una necesidad que va en aumento: la necesidad de simplificar mucho, muchísimo, de reducir las proporciones, las medidas, los pesos, también las declaraciones, los argumentos, los axiomas. Tengo la sensación que de golpe todo quedaría mejor si de golpe todo admitiese quedar reducido, simplificado. Hemos complicado muchas cosas, y a las muchas cosas las hemos complicado mucho. Todo tiene que ser más sencillo, todo debe resultar más fácil. Hay que aligerar los equipajes conceptuales.

Se trataría de volver a la cordura en el ámbito de la cultura, y de volver al mandamiento nuevo del amor en el ámbito de la fe. Tengo la intuición de que, en cultura y en fe, todo lo que no es estrictamente necesario es estrictamente prescindible. En cultura deberíamos tener muy presente el máximo de sabiduría alcanzado por Sócrates, la de saber una sola cosa: “Sólo sé que no sé nada”. En religión, al menos la cristiana, deberíamos tener muy presente lo que canta con fuerza el Negro Espiritual de los esclavos norteamericanos: “Llévense todo, pero déjenme a Jesús”.