Opinión

La opinión de Joan Bauzà

12 may 2017
Opinión
La opinión de Joan Bauzà

Poeta Homero, papa Francisco

Los Intocables (The Untouchables) de Elliot Ness, es título de novela y de película. En la realidad, nadie es intocable. No lo es psicológicamente, porque el más fuerte de carácter queda abatido en un santiamén. No lo es moralmente, porque el justo peca siete veces cada día. El mejor humano posible no es el perfecto, en todo caso lo será el arrepentido.

Cada verano, en agosto, acostumbro a dedicar algunas jornadas a volver a la lengua latina, Virgilio fue el autor del año pasado y Horacio, el de este año. He recuperado la "Epistula ad Pisones", aquella que con tanta desgana tuve que traducir con quince años, y tanto disfrute me ha proporcionado ahora. Y me topé, creo que en el versículo 359, con la frase que me quedó bien marcada en el cerebro. Dice: quandoque bonus dormidos Homerus, queriendo expresar que no hay hombres impecables, porque incluso el máximo poeta Homero alguna vez se duerme.

Homer es admirable, a pesar del fallo. Pero ignoro si justo fue Horacio que captó el fallo o si Homero, personalmente, la reconoció. Más admirable me resulta el Papa, bonus Franciscus, cuando él personalmente, repetidamente, públicamente pide perdón. (Publicado en el diario Ultima Hora)

 


 

¿Por qué tantas vueltas, señor?


Cuántas y cuántas veces he pensado en tres palabras que salen en la Biblia, concretamente en el capítulo 2 del libro de Jeremies: “¿Por qué tantas vueltas?”, que algunas versiones traducen “¿por qué tantos cambios de sentido?”. Yo pregunto: ¿por qué mi creador, si sois omnipotencia y bondad, no habéis hecho más simples las cosas? ¿por qué querer resulta tan complicado? ¿por qué no existe placer sin inquietud? ¿por qué si nos hicisteis germanos, pusisteis tan difícil la convivencia? No habré sido más que un hombre de fe, no de certezas. En las cuestiones mayores, no estoy acertado, estoy creyente. Creyente no quiere decir portador de una corona de certezas entrante en caballo al estadio, quiere decir portador de un fajo de interrogantes transportado en las cestas de una mula que trae nombre de esperanza.

Me conforta saber otros casos, Shakespeare pregunta a Hamlet por qué se dan tantas vueltas como queriendo hacerlo caer, Tomás de Iriarte resuelve que el caballo pregunte a la ardilla: “tantas vueltas y revueltas, ¿son de alguna utilidad?”, santo Ireneu de Lyon, en el siglo II, escribe a Contra Haereses su famoso “Cur tam sero?”, preguntando por qué si el hijo de Dios tenía que venir al mundo, llegó históricamente tan tarde. Quien ya tiene las respuestas no pregunta, pregunta quien las desea. (Publicado al diario Ultima Hora)

 


 

El gran reto de la fe religiosa

Muchos de los que tenemos fe, a pesar de que asumimos la crisis de la práctica religiosa que se sufre a la parte oeste del planeta, percibimos que el gran reto que el tiempo de ahora mismo nos ha puesto delante no es el del regreso a la práctica ritual ni tampoco el del ateísmo. No es el de la no-fe que muchas personas manifiestan, sino el de no-persona que muchos del que habitan encima la tierra evidencian.

El gran reto de los que concretamente creemos en la validez del mensaje evangélico, tan centrado él en la hermandad universal, es el de un doble dolor. El primero, el de la fractura social entre los que disfrutan de derechos – el primero de los cuales es el de libertad, y el que está al lado es el del alimento – y la franja tan gorda de humanos que, no tengan fe o la tengan, no tienen ni libertad ni algo de comer. El segundo es el dolor que estamos heredando a las vidas de la generación que nos sucederá cuando recojan el plantel de contaminación del medio ambiente que estamos ahora sembrando. A nadie extrañe que la pobreza y la ecología formen parte notable del temario de la teología actual.

 


 

La doble visión de la Pascua

Un santo reciente aconsejaba a los cristianos respirar con los dos pulmones, recomendando así contar con las valiosas contribuciones de las dos grandes iglesias, la de Oriente y la de Occidente. En la confesión de la fe en la resurrección podemos ver la diferencia de matices y consecuentemente la complementariedad entre una y otra expresividad eclesial.

Occidente ha privilegiado expresar la Pascua como paso "ascendente" desde la tierra al cielo, es decir, como "subir al cielo". Oriente privilegió el paso "descendente", vale decir, como "bajar a los infiernos". En nuestras representaciones iconográficas pascuales, sobre todo las pictóricas, Jesús sube, victorioso y solo, dejando tirados en el suelo unos hombres, sorprendidos y contrariados, que custodiaban el sepulcro. En las orientales, Jesús contacta con unos hombres, sorprendidos y gozosos, residentes en el Hades o sí de Abraham o infiernos donde baja Jesús a recogerlos todo insuflándoles el chorro vital de la resurrección; Jesús subirá igualmente al cielo, pero no sin antes pasar a recoger hombres y mujeres, como si el artista oriental tuviera la voluntad de reflejar no solo la resurrección de la cabeza sino también la de los miembros del cuerpo entero.

Esta forma oriental de representación recibe un nombre paradójico, el de anastasis. Etimológicamente significa "subida" y hace alusión al ascensus al lugar altísimo de la derecha del Padre y, en cambio, es dibujado como "bajada" o Descensus el lugar más profundo de la situación humana, el de la muerte. Frecuentemente, el artista usa el recurso de la sinécdoque o "la parte por el todo", representando todos los hombres en uno solo, Adam; el Resucitado, apretando amorosivament el codillo del padre de todos los vivientes, va arrastrando a los hijos de tal padre hacia los cielos. El "paso" o pascua de la muerte a la vida es señalado por el artista haciendo recurso a la línea de la ruta: los resucitados emprenden camino en dirección opuesta a los infiernos.

La verdad es que esta segunda forma de expresividad no la tienen en exclusiva los de Oriente. El pregón de nuestra Vigilia pascual canta: "Esta es la noche en que Cristo, rompiendo las ataduras de la muerte, ha subido victorioso de los infiernos". Y en nuestro Museo Diocesano está expuesta, además de la predela del monasterio de Santa Clara que muestra al Resucitado que sube el pie para dejar la tumba propia, una predela del siglo XVI, de la que se ignora el autor que la pintó y el retablo del que formó parte, que muestra el Resucitado estirando por la muñeca a los muertos de otras sepulturas.

 


 

Monumento al perdón

Si alguien me solicitara sugerencias sobre a qué dedicar el monumento más alto de la tierra, un monumento a la obra más preciosa realizada en la historia, propondría un monumento al perdón. Y seguro que propondría este tiempo del año para hacer la inauguración: el tiempo alegre de la primavera, el tiempo feliz de la pascua.

Acabamos de escuchar en el evangelio que el mismo día de Pascua, tirando hacia el atardecer, Jesús entró en la casa donde estaban los discípulos, se puso en medio y les entregó los tres primeros dones pascuales: les regaló la fe - "Señor mío y Dios mío "-, les regaló la paz -" paz a vosotros "-, y les regaló el perdón -" a quienes perdonéis quedan perdonados ". El perdón es un fruto temprano de la Pascua. Digo temprano porque no esperó a frutar el segundo o tercer día después de Pascua, frutó el mismo día de Pascua.

Me llena de gozo comprobar que los tres últimos papas hayan resaltado este don pascual. Juan Pablo II decretó que el segundo domingo de Pascua de cada año se dedicara a la Divina Misericordia. Benedicto XVI dedicó su último twuit al poder de la misericordia de Dios, y el Papa Francisco afirmó que el amor se concreta en la misericordia.

El perdón es hijo de la misericordia, la misericordia es madre del perdón. ¿Porque el perdón es tan grande, la perla fina, la joya más luminosa del cristianismo? Porque el perdón supera incluso el concepto bellísimo de gratuidad. Decimos que el mejor amor es el amor gratuito, lo que se da sin causa ni motivo, ni espera de recompensa. Se acostumbra compararla con la rosa: la rosa no tiene un porqué, florece porque florece, pese a que nadie tenga que mirarla. Ciertamente es noble el valor de la gratuidad, pero hay un valor superior. Bueno es amar a aquel que no ha hecho nada para que lo amáramos, pero más sublime es amar a aquel que nos ha ofendido tan gravemente que no es digno de nuestro amor, más bien se ha hecho indigno de recibirlo. Y a pesar de todo, lo perdonamos. La gratuidad es grande porque no parte de ninguna causa, parte de cero; el perdón parte de más abajo, parte de bajo cero, nace de una llaga, de una ofensa.

Es una obra tan excelsa la de perdonar, que nos podríamos preguntar si le es posible al humano llevar a cabo una maravilla así. No lo sé. Lo que sí sé es que el evangelio de hoy otorga a los hombres el poder de perdonar inmediatamente después de haber dicho: "Recibid el Espíritu Santo". Será que sin el Espíritu de Dios se hace difícil, pero si admitimos en nuestro interior el Espíritu, se hace posible que nosotros, con Él dentro, realizamos la maravilla. He dicho maravilla, y lo es. El perdón no es una virtud débil, el perdón es tan potente que rompe la inercia de la reacción y supera la dialéctica de estímulo-respuesta, no sigue la regla de "tú la has hecho, tú la pagarás", dado que no es reacción a una situación pasada, sino inauguración de una situación nueva: "tú ya no eres el enemigo ofensor, tu eres el hermano perdonado".

 


 

Oportunidades de Semana Santa

Este período que acostumbramos llamar "semana santa", y a veces "semana grande", disfruta de unas posibilidades enormes en una gran cantidad de registros, de los cuales se pueden destacar algunos referentes al protagonista enclavado. En el campo de la literatura, hay que destacar las páginas que Ramon Llull dedica a las cinco apariciones del Crucificado, el Vía crucis de Costa y Llobera, el poema "Cristo de Port Royal" de Blai Bonet. En el campo de las imágenes, han merecido el más alto fervor popular, en nuestra isla, la de La Sangre en Ciudad, la del Santo Cristo en Manacor, y la del Santo Cristo en Alcúdia. En el campo de las representaciones escénicas, cabe destacar las del Calvario de Pollença, la de la escalinata de la parroquia de Felanitx, y la de San Salvador de Artà.

En el campo de la praxis popular, recordar la participación de los fieles en las procesiones, en las visitas a las Casas Santas y al Sermón de las siete palabras.

Son posibles las experiencias que combinan diferentes registros, como la impagable de poner como música de fondo suave los responsorios de T. de Victoria leyendo el relato bíblico de la Pasión teniendo delante una imagen del Cristo de Grünewald.

 


 

Es la misma piedra la de la cueva, la tumba y el altar?

La Iglesia de Oriente últimamente está seduciendo mi interés en todo lo que se relaciona en la concepción y vivencia del cristianismo. Opino que posee una riqueza fascinante sobre todo en los campos de la liturgia y el icono.

Me cautiva una sugerente triple relación que establece: la que liga el inicio de la vida de Jesús (la cueva en Belén), el final de su vida (el sepulcro en Jerusalén) y la vida de los que seguimos a Jesús (el altar en nuestras iglesias).

El icono del siglo XV "Nacimiento de Cristo" de la escuela de Rublev, actualmente en la Catedral de la Anunciación en el Kremlin de Moscú, muestra el pesebre como sarcófago, los trapos del bebé como sudario del entierro, deja interpretar el buey como profecía del sacrificio del Calvario, el asno como aquel que devolverá por la entrada triunfal en Jerusalén, y el agua de la jofaina para la limpieza del nacido como el agua para la limpieza del crucificado. No es el único ejemplar, un icono similar de la escuela de Pskov se puede ver en el Museo ruso de San Petersburgo.

Por otra parte, la relación entre martirio de cristianos y pasión de Cristo es uno de los datos más primitivos de la Iglesia. Los primero altares fueron los sepulcros de los mártires. Los altares cristianos son depositarios de una o más reliquias de santos mártires, pero sobre todo, el altar es signo del sepulcro de Cristo, apuesta del encesam recordando la costumbre de los judíos (Jn 19,40) que dejaban especies aromáticas en el sitio de enterramiento. El cuerpo colocado sobre la piedra de la cueva es el mismo que colocaron sobre la piedra de la tumba y lo mismo que colocamos sobre la piedra del altar.

Resultan legítimas estas relaciones? La santa monja Teresa Benedicta (Edith Stein) escribió "El pesebre y la cruz". Antes, Joan Maragall había escrito al Canto espiritual "Sia'm la muerte un mayor nacimiento". Antes, Francisco de Quevedo había escrito "La cuna y la sepultura". Y antes de los tres, Simeón había unido el combate final del Calvario al reciente nacimiento de Belén: "Este niño será bandera discutida" (Lc 2,34).

 


 

De la posesión de los demonios a la atracción de las sirenas


La cultura vigente nos ha colado por el cuerpo, calándonos hasta la médula, una lógica férrea, aplastante y bien presentada. Nuestra cabeza está atrapada por una especie de silogismo en espiral, una argumentación encadenada de frases y de consignas, cada una de ellas bellísima y atractiva.

Alguien ha puesto nombre a esta espiral y yo voy a expresarla así: “El que más puede, más vale. El que más vale, más triunfa. El que más triunfa, más tiene. El que más tiene, más aparece. El que más aparece, más fama posee. El que más fama posee, más dinero ingresa. Quien más dinero ingresa, más feliz es”. Y esto lo venimos afirmando por activa y por pasiva. La mayoría de la gente pensamos así y estamos – esta es la palabra – “poseídos” por esta mentalidad.

La expresión antigua fue “posesión diabólica”, hoy se suele recurrir al simbolismo de Ítaca en la Odisea de Homero. Las narraciones antiguas de “poseídos” hablaban de gente que iba como loca retorciéndose y gritando. Los ahora “atraídos” por las actuales sirenas vamos locos como juguetes de una competitividad inmisericorde. Son sirenas programadas para quebrar voluntades. ¿Dónde estará el mástil al que se ató Ulises para resistir?

 


 

Preocupan bastante ...

Los niños que no juegan, los universitarios que no leen, los jóvenes que cuentan batallas y los viejos que no cuentan historias, los progresistas que no evolucionan, los toros que no embisten, los críticos que no se critican, los profetas que se anuncian a sí mismos, los tradicionalistas que no tienen raíces, los demócratas que ignoran el bien común, los creyentes que no leen las Escrituras, los sinceros que no se desanudan y los hipócritas que se maquillan, las palomas que no son sencillas y las serpientes que no envenenan, los felices que no pitan, los delgados que ayunan, quienes pagan antes de repasar la cuenta, los humanos que no son libres y los libres que no se comprometen, quienes se excitan sin cuerpo y quienes desean sin sujeto, quienes pretenden decir la última palabra sin haberse enterado de la primera, los que compran juegos a los hijos y no juegan después con los hijos, quienes preguntan sin atender la respuesta, los funcionarios que no funcionan y los que odian todo lo que funciona, quienes consumen sexo sin crear ama, quienes no distinguen entre erudito y sabio, ni entre bueno y bobo, ni entre ser orgulloso y ser digno.

 


 

Cómo distribuir las lágrimas

El problema no es llorar porque motivos para llorar, en el mundo, hay en abundancia. El problema es similar a la pregunta que se formulaba el poeta John Donne: por quien voltean las campanas. El tema no es que las campanas volteen sino por quienes han de dar vueltas, el tema no son las lágrimas sino por quien las debemos rebosar.

Todo lo humano tiene un límite, tanto la juerga como el duelo. Nuestro psiquismo no puede con todas las posibilidades, atenderlas todas podría conducir a morir por saturación. Se trata, por tanto, de seleccionar. Porque si no, corremos el riesgo de llorar por necedades a cambio de no llorar por causas de gran magnitud. Otro riesgo sería llorar igual ante una escena de ficción que una noticia de actualidad, o sufrir igual para un caído por zancadilla que por un caído por tarambana.

Si todas las causas valen igual, el peligro es que ningúna llegue a valer. Creo que es tarea de padres y maestros la de enseñar a distinguir una lágrima por una víctima de una por su verdugo. Es urgente hoy enseñar cómo distribuir las lágrimas, vale decir de qué indignarse y por quien llorar.

 


 

 En el medio hay vacío, no virtud


A un lado está la comunicación de la vieja política vehiculada en los medios tradicionales, y que hoy se caracteriza por: 1) el ataque inmisericorde al adversario, quien no piensa igual es pieza a abatir, y tanto tiempo dedicado a criticar al otro impide dedicar tiempo a la autocrítica, 2) la sobreactuación de la burla, no sólo se ataca sino que se humilla, y la voluntad de humillación descarta la educación y el respeto.

En el otro extremo, la de la nueva política vehiculada en las nuevas redes sociales que se caracteriza por: 1) la brevedad, modelo twitter, y en tal brevedad no hay lugar para más sustancia, y ya que la sustancia es poca hay que condimentarla con sal y chiste, 2) lo efímero, nada dura ni debe de durar más allá de lo que dura un soplo, todo whatsapp grita ser reemplazado rápidamente por otro, no hay lugar para matices.

Y tú, ni sigues a los viejos políticos porque en sus declaraciones largas con ideología no te han aportado nada, ni sigues a los jóvenes políticos porque en sus declaraciones breves con postureo tampoco te han aportado nada. Y en el medio de políticas ambas, hallas vacío, no virtud.

 


  

Qué hemos aprendido este año?

Hace siete días que cerramos el año, y en año cerrado comienza la época de hacer balance. ¿Qué lecciones, morales y conceptuales, fueron recogidas durante el año pasado ?, ¿qué conviene guardar en el corazón y en la cabeza? En la edad adulta, parece ser, pocas cosas el hombre aprende, asimismo alguna aprende.


En estas direcciones se ha movido mi particular aprendizaje. Primera: para encontrar, no necesariamente se debe buscar, a veces basta parpadear un poco y mirar lo que los ojos muestran. Segunda: para ponderar el peso de una vida, la balanza que pesa la fama es absolutamente inepta. Tercera: Dios no es ni evidente ni la conclusión de ninguna argumentación; si yo creo, que es mi caso, no es por necesidad, es por don. Cuarta: hay un camino largo para llegar a la humildad personal que es el de contar las muchas veces que uno se ha equivocado, y hay uno corto que es el de contar las pocas que ha acertado. Quinta: ¿Quién quiere corregir los defectos más crónicos que tiene, no se haga la ilusión de que cambiando de ciudad, de trabajo o de edad quedarán corregidos, es más práctico ir directamente a la propia voluntad y ser durísimo consigo mismo.

 


 


Meditación sobre el tiempo

Debemos devorar el año nuevo o la tenemos que paladear? "El tiempo vuela" dio título a un disco de Los Pekenikes. La percepción habitual que tenemos del tiempo es que corre muy deprisa. Pero es esta, la que debemos tener? Johan Cruyff declaró: "No es necesario correr tanto, el fútbol es un deporte que se juega con el cerebro".


¿Qué es el tiempo? San Agustín dijo: "Si nadie me lo pide, lo sé, pero si lo quiero explicar al que me lo pregunta no lo sé". El del telediario informó: "La mala noticia es que el tiempo vuela, la buena es que tú eres el piloto". Yo creo que el tiempo verdadero no se encuentra en lo que pasa sino en lo que nos pasa. Si el hombre no ha nacido para estar siempre derecho entonando himnos, dado que también ha nacido para estar sentado calentándose a la chimenea, tampoco ha nacido para estar siempre en play, dado que también le es posible estar en standby. Aconsejaba la abuela: "Poco a poco y buena letra".


Si Borges, de nosotros, dijo que "somos el olvido que seremos", porque no pensar que otro, de nosotros, diga que "somos la sinfonía que recordarán"?

 

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