ECOLOGÍA BÍBLICA III

 

 Francesc Ramis

 

Misión del ser humano

Como señala el Génesis, la intervención de Dios originó la luz, la bóveda para separar las aguas, la vegetación, las lumbreras del cielo, los animales marinos, las aves, los animales terrestres y, finalmente, el hombre. Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn 1,26). Después, especificó la misión del ser humano: “habitad y someted la tierra” (Gn 1,28). Desde la perspectiva bíblica, la locución no indica en modo alguno la autoridad arbitraria del hombre sobre el resto de la creación. Señala la obligación impuesta por Dios al ser humano para que conduzca el curso de la creación por la senda de los mandamientos divinos (Ex 20,1-21).

El hombre no puede someter la creación al dominio de los falsos dioses que él mismo engendra. No puede subyugar la naturaleza, la “casa común de los seres vivos”, al afán de poder, ni al deseo de aparentar, ni a la explotación, ni tampoco a la superficialidad que implica el menosprecio hacia las creaturas. La misión del ser humano radica en construir la sociedad que, en harmonía con la naturaleza, transparente el amor de Dios por el mundo entero.

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