PARLAMENTO NUEVOS CANÓNIGOS

 

Querido Sr. Obispo; hermanos presbíteros que hoy iniciáis vuestro ministerio de canónigos en la Catedral; compañeros de Cabildo y todos quienes habéis querido celebrar este día de fiesta con nosotros. Una bienvenida especial al canónigo de la Catedral de Barcelona, Mn. Santiago Bueno que representa el Cabildo de aquella Catedral. El canónigo Mn. Joan Bestard ha enviado a su vez un mensaje de felicitación desde Alemania al Cabildo y a los dos canónigos. Se lo agradecemos.

Mirad por un momento donde nos encontramos: un lugar de belleza excepcional, capaz de suscitar muy buenas vibraciones; que nos hacen sentir a gusto, juntos. Según los expertos, un espacio imposible, teniendo en cuenta la altura de las columnas, la altitud de los techos, el ancho de las naves y, sobre todo, las técnicas del tiempo en que fueron construidos... Un edificio imposible... que hace setecientos años que sigue en pie. ¿Cuál es su secreto? Muy simple: una piedra encima la otra y hacia arriba; la piedra que teme el instante decisivo en que los maestros de obra engastarán la clave del arco. Después, el milagro: cada piedra buscará su lugar; durante un tiempo, el que sea necesario, buscará su lugar, entre las otras piedras; con las otras piedras; si lo encuentra, con las otras piedras, se tensará el arco en un golpe de dolor supremo; y cada nervio hará una fuerza increíble. Si todo cuaja, durará setecientos años. Si no, caerá al suelo. Habrá que volver a empezar. Lo imposible tiene un precio muy claro: que cada piedra considere las otras piedras no como su límite ni su obstáculo ni su enemigo, sino su posibilidad. Bellísima parábola de lo que nosotros estamos haciendo ahora y aquí.

Vivimos tiempos difíciles, que pueden tornarse imposibles, para nosotros y para quienes nos siguen. Tan difíciles que ya casi resulta imposible encontrar espacios comunes para celebrar una fiesta en que todos nos sintamos contentos y participemos en la alegría de los demás. Cómo si todo proyecto común se hubiera vuelto imposible. ¿Qué ha pasado? Muchas cosas, sin duda. Pero hay una causa entre todas las otras: el valor supremo de nuestro mundo de mercaderes se ha reducido al yo y solo al yo. El individualismo absoluto tiñe de un color oscuro nuestras relaciones. Hemos aprendido a medir las cosas sólo por el provecho que a mí me producen o por el grado que confirman mi razón. Vemos a los otros como obstáculos, como límites, como dificultad. Nos definimos tachando, borrando, venciendo. Es la hora de hacer nuestra la plegaria del poeta: Líbrame Señor de este antiguo, oscuro deseo de vencer; de la voluntad que todas las rosas sean mías.

He aquí la oportunidad de aprender una lección: la lección de las piedras.

Vosotros, hermanos canónigos que hoy empezáis vuestro ministerio, sois invitados hoy a formar parte de un proyecto de evangelización desde la Catedral, que quiere hacer llegar a todos quienes se acercan a ella los valores del evangelio. Sin contar la actividad normal de toda iglesia católica, hemos llevado a cabo 55 actos extraordinarios bajo la dirección del Cabildo desde junio el 2018 hasta hoy; 426.000 hojas editadas para repartir a las miles de personas que nos visitan para ayudarlos a comprender los contenidos esenciales de la fe católica. Y a la vez, venimos realizando un esfuerzo constante de transparencia en la gestión de la economía. Una voluntad enérgica de hacer de todos quienes trabajamos en la Catedral, presbíteros y empleados, de los cuales tengo la satisfacción de ver muchos aquí, lo que más se aproxime a un grupo cristiano. La Catedral es preciosa porque nuestros antepasados la hicieron así; pero es viva porque mucha gente reza, celebra la fe, la mima y la cuida con las horas de su trabajo. A esto estáis invitados vosotros. A continuar una tarea que desde el 1230 han llevado a cabo nuestros predecesores. Y esto no es ni inútil ni pasado de moda. Durante tantos años, ciertamente hay tiempo de hacer lo mejor y lo peor. No podía ser de otra manera. Nadie de nosotros podría llegar a ser canónigo si el Cabildo no admitiera pecadores en su seno. Pero el resultado es que todavía estamos aquí. Sed, pues, bienvenidos a casa; con vuestra preparación y desde los lugares donde trabajáis actualmente estamos seguros que podréis ayudarnos a mejorar nuestra acción litúrgica y la memoria de los pobres, dos de las señas de identidad de la Catedral.

Que sea para vosotros ocasión de felicidad el camino que hoy comenzáis; para nuestra Iglesia, motivo de acción de gracias; para quienes os quieren, oportunidad de haceros llegar su afecto y para nuestro mundo, la suerte de experimentar desde el silencio de la acción más que de la palabra el reino soñado por Jesús. No tengáis miedo; nuestro Maestro nos dice: yo he vencido al mundo. Que estas palabras sigan conduciendo para siempre la tarea de la Catedral.

Muchas gracias.

El Deán-Presidente

Teodor Suau Puig

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