El deán de la Catedral, Mn. Antoni Vera, y los canónigos concelebraron la solemne Eucaristía.
Con esta celebración, los fieles revivieron el gesto de Jesús en la Última Cena, en la que se entrega como alimento e invita a sus discípulos a vivir en comunión y servicio. Es el día en que la Iglesia recuerda de manera especial la vocación a la caridad y a la entrega a los demás.
Uno de los momentos más significativos de la celebración fue el lavatorio de los pies, signo de la humildad de Cristo y de su servicio. Este año, el obispo lavó los pies a los seminaristas de la diócesis, poniendo de relieve el camino de preparación al ministerio y la llamada a vivir el servicio con sencillez y entrega.
Al finalizar la celebración, tuvo lugar la procesión hasta la capilla del Corpus Christi, donde se hizo la reserva del Santísimo.
A partir de las 20.30 h, empezó la llegada de las cofradías que participaron en la procesión del Jueves Santo, que había salido desde el Santuario de la Anunciación. Más de cinco mil cofrades de 33 cofradías desfilaron por las calles de Palma hasta llegar a la Seu, donde dejaron sus estandartes.
El momento culminante fue la llegada del Cristo de la Sangre, acompañado de la Virgen Dolorosa. El obispo, que había acompañado la imagen durante toda la procesión, dirigió una oración final ante el altar mayor antes de que la comitiva retomara el camino de regreso hacia el Santuario de la Anunciación.

