Se trata de un día marcado por el silencio, el ayuno y la oración, en el que no se celebra la Eucaristía. La proclamación de la Pasión según el evangelio de san Juan ayuda a los fieles a contemplar el misterio de la Cruz y a profundizar en el sentido redentor de la muerte de Cristo.
Uno de los momentos centrales de la celebración fue la adoración de la Cruz, en la que se descubre el Santo Cristo crucificado para que los fieles puedan venerarlo como Salvador. Asimismo, la comunión eucarística permite participar del Cuerpo de Cristo, reservado el día anterior, como signo de su victoria sobre el pecado y la muerte.
La Capilla del Corpus Chisti, com Casa Santa, fue visitada la mañana del Viernes Santo por numerosos fieles.
La celebración culminó con una de las representaciones más emotivas y significativas de la Semana Santa mallorquina: el Descendimiento de la Cruz. Esta escenificación teatral medieval comienza con el relato de los discípulos que piden el cuerpo de Jesús a Poncio Pilato, lo desclavan, lo amortajan y lo entierran. Con martillazos simbólicos en la parte posterior de la cruz, la figura de Cristo es desclavada y depositada en un sudario.
A continuación, la imagen de Jesús, acompañada por la Virgen Dolorosa, encabeza la procesión del Santo Entierro, en la que participan miembros del clero y de la nobleza mallorquina. Esta recorre el interior de la catedral hasta el altar mayor, donde se realizará simbólicamente la sepultura del Señor en un sarcófago.

