La noche comenzó en el exterior de la Catedral con la bendición del fuego nuevo, del que se encendió el cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado. La luz de este cirio guió la entrada de los fieles que, con sus velas encendidas, fueron iluminando progresivamente la nave, como signo del paso de las tinieblas a la luz.
Ya en el interior de la Seu, el cirio pascual fue proclamado con el canto de “Luz de Cristo”, mientras la luz se fue extendiendo por todo el templo. A continuación, se cantó el Pregón Pascual, que anuncia la victoria de Cristo sobre la muerte e invita a la comunidad a celebrar con gozo la Pascua.
La liturgia continuó con la proclamación de las lecturas bíblicas, que recorren la historia de la salvación, desde la creación hasta la resurrección. Con el canto del Gloria se encendieron todas las luces de la Catedral y, tras el Aleluya, se proclamó el Evangelio de la Resurrección.
La tercera parte fue la liturgia bautismal, en la que se administraron los sacramentos de la iniciación cristiana a adultos que han completado su itinerario catecumenal. El obispo bendijo el agua bautismal y los fieles renovaron sus promesas bautismales con el gesto de la aspersión.

